Por HUMBERTO CONTRERAS VIDAL.
La química y la política pertenecen a áreas del conocimiento que hacen difícil que se encuentre un punto de convergencia entre ellas. La química estudia composición, estructura y propiedades de la materia. En la política se conocen las estructuras de poder y la convivencia en sociedad. Sin embargo, al mirar con detenimiento la estructura de la materia se puede hacer una comparación fascinante que conecta el comportamiento subatómico con el ejercicio democrático, esto es, se pueden conectar el protón y el voto.
Recuérdese que los átomos son partículas formadas por otras mucho más pequeñas. Las principales son los protones y neutrones que están en el núcleo (centro del átomo). En una especie de envoltura imperfecta, y muy alejados del núcleo, están los electrones
En la tabla periódica, lo que determina la identidad de un elemento químico es su número atómico, es decir, la cantidad de protones que tienen en su núcleo. Hasta donde se conoce, todos los protones existentes en el universo son física y fundamentalmente idénticos. Ningún protón posee mayor carga ni mayor masa que otro. Sin embargo, cuando en el núcleo se suma un solo protón se transforma por completo la naturaleza de la materia.
Por ejemplo, un núcleo con 7 protones nos dice que estamos en presencia de nitrógeno, mientras que uno con 8 protones corresponde al oxígeno. Los seres humanos vivimos inmersos en un ambiente formado principalmente por la mezcla de estos dos gases: nitrógeno y oxígeno. Esto significa que el aire que sostiene la vida humana está formado esencialmente por dos sustancias químicas que difieren únicamente en un protón. Un protón hace la diferencia para que un material sea nitrógeno u oxígeno.
En una democracia representativa, como la que tenemos en la República Dominicana y la que se practica en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, el voto funciona bajo el mismo principio de equivalencia fundamental.
Esto significa que no existen protones de primera y segunda categoría, como tampoco existen un voto con mayor valor que otro. En la urna, el sufragio del ciudadano más humilde tiene exactamente el mismo valor que el de la persona de mayor poder económico o académico.
A mayor número de protones en el núcleo mayor es la masa atómica de un elemento. De manera análoga, a mayor acumulación de votos en una casilla o candidatura, mayor es la legitimidad y el peso político que adquiere una candidatura frente a las demás.
Poner o quitar un protón de un núcleo equivale a manipular la naturaleza de la materia y es una tarea que muy pocos países en el mundo están en capacidad de hacer de forma controlada. Ya que poner o quitar protones altera drásticamente las propiedades físicas y químicas de una sustancia. Del mismo modo, el balance final de la votación de un proceso electoral cambia los aspectos socioeconómicos, institucionales y culturales de una escuela, una facultad, una universidad, de toda una nación o del mundo cuando se abordan temas de geopolítica global.
Aunque los protones no tienen voluntad propia, y son gobernados por fuerzas nucleares, la cantidad de ellos determinan las propiedades físicas y químicas de los materiales que podemos ver en la naturaleza. Los seres humanos, en cambio, poseemos conciencia.
Ser consciente del poder que reside en un solo voto es una responsabilidad individual que nos hace capaces de contribuir a dirigir nuestro destino.
La trayectoria de un país no es un hecho casual o fortuito, sino el reflejo directo del estado de conciencia de la mayoría de sus votantes. Cada sufragio emitido tiene la capacidad de consolidar lo existente o de reorientar el destino colectivo hacia el bienestar común. Valorar el voto implica defender la igualdad democrática y ejercer el derecho a elegir con criterio, rigor y responsabilidad cívica.
Un solo voto al igual que los protones puede cambiar la calidad de vida de un grupo humano. Es hora de que los dominicanos valoremos en su justa dimensión la acción de votar como la vía más idónea de crecer económicamente, mantener la paz y una convivencia democrática. Y sobre todo, que se sepa que los protones no se venden. Aprendamos de los protones a no vender nuestro voto para que cada sufragio, al igual que los protones, contribuya a cambiar para mejor la estructura social y económica del pueblo dominicano.

