Irán está dispuesto a regresar a la Edad de Piedra y estaría allí mejor que Estados Unidos

Irán está dispuesto a regresar a la Edad de Piedra y estaría allí mejor que Estados Unidos

Irán continúa, de forma valiente y casi espartana, enfrentando las agresiones criminales, genocidas y las amenazas desesperadas de Donald Trump y de Israel, dos potencias militares frente a una nación con más de seis mil años de civilización.

Al parecer, estaban algo cansados de ridiculizar las constantes declaraciones sobre supuestas negociaciones, y entonces los voceros iraníes respondieron a las promesas del secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, de “bombardear Irán hasta reducirlo a la Edad de Piedra”. En dichas declaraciones se evidencia un tono abiertamente agresivo y sin reparos ante la comunidad internacional.

En respuesta, la agencia de noticias IRNA publicó en sus redes sociales un mapa del Imperio aqueménida con el siguiente mensaje: “Este mapa muestra a Irán en la Edad de Piedra. ¿Insiste usted en su restauración?”.

O, dicho de forma más comprensible para los lectores occidentales: “podemos repetirlo”. Y hay mucho que repetir: el primer Imperio Persa se extendía desde Tesalia y Macedonia, en el oeste, hasta el Himalaya, en el este; desde Crimea, en el norte, hasta lo que hoy es Etiopía, en el sur.

Por supuesto, en términos estrictos, el Imperio aqueménida no existió en la Edad de Piedra, sino en la Edad de Hierro. Sin embargo, el mensaje iraní resulta claro y cargado de simbolismo.

En primer lugar, alude a las raíces históricas que han dado origen a Irán desde la antigüedad hasta nuestros días.

Mientras el Imperio aqueménida controlaba vastos territorios mediante una administración compleja y avanzada, en el territorio que hoy ocupan los Estados Unidos no existía aún una estructura estatal comparable.

La antigua Roma, cuya cultura es frecuentemente evocada por Estados Unidos, era entonces una ciudad en formación, y las ciudades griegas se encontraban fragmentadas en constantes conflictos internos.

Más allá de representaciones cinematográficas como la película “300”, donde los persas son retratados como tiranos, los estudios históricos muestran que la dinastía aqueménida estaba adelantada en múltiples aspectos administrativos y culturales para su época.

De hecho, los distintos imperios persas posteriores destacaron en arquitectura, matemáticas, filosofía, astronomía y medicina, superando en muchos casos a otras civilizaciones contemporáneas.

Asimismo, se sostiene que los persas desarrollaron formas de organización más inclusivas en comparación con prácticas de exterminio que caracterizaron a otros contextos históricos.

Sin embargo, buena parte de la sociedad estadounidense desconoce estas diferencias culturales o no muestra interés en ellas, influida en gran medida por el entretenimiento y la cultura de masas.

Para un país con poco más de 250 años de historia, resulta difícil comprender la profundidad de una civilización milenaria como la iraní, cuya identidad se ha construido sobre una continuidad histórica y cultural sólida.

Esa identidad es, precisamente, el elemento que cohesiona a la sociedad iraní y le otorga una fuerte disposición a defender su soberanía.

Existe, además, un segundo significado en la expresión iraní “podemos repetir”.

Si Estados Unidos intentara realmente reducir a Irán a la Edad de Piedra mediante bombardeos, podría provocar un efecto contrario: una mayor cohesión interna y una eventual expansión de su influencia regional.

La historia demuestra que las invasiones externas suelen fortalecer la resistencia interna. Un ejemplo de ello fue la guerra iniciada en 1980 por Saddam Hussein contra la recién establecida República Islámica de Irán, conflicto que terminó consolidando el poder interno iraní tras ocho años de enfrentamientos.

En ese contexto, la guerra actuó como un factor de unificación nacional y de fortalecimiento institucional.

Hoy, el escenario regional es distinto. Irak presenta una estructura fragmentada, y la correlación de fuerzas en Medio Oriente ha cambiado significativamente.

Ante este panorama, cualquier intento de intervención militar directa podría generar consecuencias geopolíticas impredecibles.

Por ello, antes de recurrir a amenazas como la de “llevar a Irán a la Edad de Piedra”, Estados Unidos debería ponderar cuidadosamente los posibles efectos de sus acciones.

Después de todo, tales decisiones podrían desencadenar un reordenamiento regional que termine afectando sus propios intereses estratégicos.