Por Araceli Aguilar Salgado
«El que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.» Evangelio de Marcos 10:44
El Jueves Santo, dentro de la Semana Santa, no es únicamente un rito litúrgico: es un acontecimiento que, cada año, interpela a las instituciones religiosas y políticas sobre el sentido del liderazgo y la autoridad. Según los Evangelios, Jesús de Nazaret celebró la Última Cena con sus discípulos, instituyendo la Eucaristía y el sacerdocio. Sin embargo, el gesto más disruptivo fue el lavatorio de los pies: un líder que se arrodilla, que se vuelve servidor, que rompe la lógica del poder vertical.
La liturgia católica reproduce este gesto en la Misa de la Cena del Señor, donde el obispo lava los pies de los fieles. Lo que en apariencia es un acto ceremonial, en su origen fue un desafío radical: un maestro que se abaja para enseñar que la autoridad auténtica se mide en servicio. En un mundo marcado por crisis de confianza hacia las instituciones, el mensaje del Jueves Santo se convierte en un espejo incómodo.
El periodismo internacional observa cómo esta fecha se proyecta más allá de lo religioso. En México, España y América Latina, las procesiones y misas evocan la memoria de Jesús en Getsemaní, detenido por desafiar estructuras injustas. La narrativa se convierte en denuncia: el poder sin humildad se transforma en abuso, y la comunidad sin servicio se fragmenta.
El Jueves Santo 2026 llega en un contexto global de tensiones sociales y políticas. La memoria de la Última Cena y el lavatorio de los pies plantea preguntas urgentes:
¿Qué líderes actuales están dispuestos a arrodillarse ante su pueblo?
¿Qué instituciones recuerdan que la autoridad no es privilegio, sino entrega?
La Eucaristía, el pan partido y el vino compartido, no son únicamente símbolos de fe: son recordatorios de comunidad, igualdad y pacto. En sociedades fragmentadas por desigualdades, el mensaje del Jueves Santo adquiere un filo crítico: la grandeza no se mide en poder acumulado, sino en capacidad de servir.
El Jueves Santo 2026 no es solo memoria litúrgica, es crítica viva. La fecha interpela a líderes, instituciones y comunidades a recuperar la esencia del servicio como fundamento del poder legítimo. La liturgia se convierte en denuncia y la memoria en exigencia: el verdadero amor no domina, se entrega.
«El que no vive para servir, no sirve para vivir.» Madre Teresa de Calcuta
Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana, de Chilpancingo de los Bravo del Estado de Guerrero

