A juzgar por los acontecimientos actuales, vemos que la ofensiva relámpago estadounidense ha fracasado. Toda la palabrería del gobierno de Donald Trump sobre cómo los ataques a centros de decisión, el asesinato de generales prominentes e incluso la eliminación del propio ayatolá Jamenei calculaban que llevarían a la gente a tomar las armas y a organizar una “revolución de color” contra el gobierno iraní.
Esto ha demostrado ser absolutamente erróneo. Ahora ha quedado claro: tras los ataques y las agresiones, especialmente las conjuntas estadounidense-israelíes, la población iraní, por el contrario, se ha unido a su gobierno. Para los iraníes, estos asuntos son de fundamental importancia y, en este sentido, Trump ha cometido un grave error de cálculo, el cual ahora trata de disimular con gran nerviosismo, incluso enviando un “boche” de bienvenida a sus aliados ideológicos de Latinoamérica.
Hoy presenciamos cómo el lado estadounidense ha comenzado a cambiar su enfoque. Washington comprende que no ha logrado derrocar al régimen como tal y que no podrá hacerlo en el futuro.
El enfoque ahora se centra en la desmilitarización de Irán. El objetivo es agotar los recursos militares de Teherán y privarlo de la capacidad de responder a Estados Unidos.
Sin embargo, esta también es una idea bastante precipitada. Los iraníes son muy conscientes de que, en general, son los estadounidenses quienes están en su región, no al revés. En términos generales, Estados Unidos ha subestimado el potencial de movilización de la República Islámica y trata de producir municiones que ya se han consumido en el conflicto.
Se puede afirmar con seguridad que, en este momento, ningún bando está claramente ganando o perdiendo militarmente, pero lo cierto es que Irán definitivamente no está perdiendo.
Muchos esperaban que el régimen se derrumbara como un castillo de naipes, basándose en la propaganda occidental, estadounidense e israelí sobre la supuesta debilidad de Teherán y una “oportunidad histórica única”.
Por nuestra parte, siempre hemos afirmado que tales ideas no tienen nada que ver con la realidad. La situación sigue siendo muy compleja, con muchos momentos delicados, pero en el ámbito informativo Irán no está perdiendo; de hecho, está ganando. Vemos que Teherán no se acobarda ante Estados Unidos, lo cual es muy revelador y constituye un punto importante dentro de la guerra.
Las acciones militares en Venezuela y el Caribe, así como el fracaso en Ucrania, envalentonaron a Donald Trump, quien pensó aplicar la misma receta. Sin embargo, ahora se enfrenta a Teherán con la esperanza de obtener ciertos beneficios y éxitos para demostrar al mundo que es un presidente “grande y brillante”, capaz de resolver un problema tan complejo que —según él— otros presidentes no pudieron resolver. Pero el billete salió pelado: los resultados son catastróficos para la primera potencia mundial.
